Ser periodista en tiempos de bulos

*Entrevista para Aritz Alcubilla, Amaia Gallastegi y Leire Fernández, de la Universidad de Deusto

  1. ¿Qué criterios sigues para deducir si una noticia que te llega es verdadera o falsa?

Como lectora o televidente, en un primer momento, inevitablemente pienso si me suena cierto lo que dice la noticia. Digo “inevitablemente” porque es algo que hacemos todos y todas sin poderlo evitar: colocamos las cosas que leemos u oímos en los cajones de “creíble” o “no creíble” de acuerdo con nuestros propios prejuicios. Pero esto no es garantía.

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Así que pasamos a la segunda fase: ¿Quién es la fuente? ¿Es creíble? ¿Practica el periodismo o un sucedáneo? Esto es muy importante. Porque quien practica el periodismo pone en práctica sistemáticamente el método periodístico, que es la verificación de los hechos, como prescriben Bill Kovach y Tom Rosenstiel en “Los elementos del periodismo”.

La tercera fase dicta comprobar si otros medios periodísticos fidedignos emiten la misma información. Si las respuestas son afirmativas a las tres, es decir me suena creíble, está publicada por una fuente creíble y otras fuentes creíbles la confirman, entonces estamos seguramente ante una noticia verdadera.

En caso de que seas un o una periodista, tienes más recursos. Puedes acudir a la fuente original, confirmar los hechos, hacer los números de forma autónoma, investigar en fuentes secundarias, hablar con expertos y expertas independientes que puedan explicar lo que hay detrás de la noticia; vamos, hacer periodismo.

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  1. ¿Es fácil identificar ‘fake news’?

A veces muy fácil. Otras veces no. Si leo que Podemos ha exigido que todos los presos de España cobren 655 euros al mes con dos pagas extras, me mosqueo. Y de hecho, nunca han dicho eso. Fue un bulo. Pero si leo que Pablo Casado ha dicho: “haré lo posible para impedir que el Salario Mínimo Interprofesional suba a 900 euros” podría tender a creerlo, dado que tengo sesgos progresistas. Sin embargo, Casado nunca ha dicho esto exactamente. No hay ninguna entrevista, declaración pública o tuit con ese entrecomillado. Y de hecho es un entrecomillado falso de la web Libre diario digital que destapó maldita.es.

¿Qué nos dice este ejemplo también? Si estamos de acuerdo con todo lo que nos llega por plataformas de redes sociales hay que sospechar: los algoritmos de estas plataformas están entrenados para mostrarnos sobre todo aquello con lo que estamos conformes.

  1. En caso de publicar una noticia falsa mal contrastada y darse cuenta a posteriori, ¿qué debería hacer un buen periodista?

Nadie es perfecto ¿no? El o la periodista decente que publica en un medio decente se puede equivocar de buena fe. Así que pide perdón y publica la información correcta con la misma preeminencia que la falsedad y cuanto antes. Retirar de la web la noticia falsa (aunque no se haya podido evitar su circulación inicial) es también aconsejable.

  1. ¿Qué consejos le darías a un periodista que acabe de entrar el mundo laboral del periodismo?

Que ponga en práctica los principios que se plantean en “Los elementos del periodismo”, que comienzan por decir que la principal tarea del/a periodista es buscar la verdad. Que sea consciente de la vital importancia de su trabajo en estos tiempos de bulos: los y las periodistas de hoy son personas con la preparación para poder detectar y destapar falsedades.  Que sea consciente de sus propios sesgos y prejuicios, y que los ponga a prueba sistemáticamente.

Manual de fake news (III): El papel del periodismo y los medios

Algunos han olvidado que el y la periodista es la persona que vive, aplica y comparte los principios del periodismo, que, como Kovach y Rosenstiel establecieron, tiene como primera obligación la verdad, debe lealtad ante todo a la ciudadanía, mantiene su independencia frente a sus fuentes, ejerce un control independiente del poder y en su trabajo aplica el método de la verificación. Todo lo demás simplemente no es periodismo.

El periodismo es un sistema que las sociedades democráticas han creado para suministrar información veraz y relevante a la gente, generar debate y controlar al poder. Por eso habría que distinguir entre periodistas y sus imitadores e imitadoras. Esto es especialmente importante hoy porque los niveles de confianza en las instituciones europeas, especialmente en las periodísticas, es muy bajo. El índice de confianza Edelman de 2018 indica que,  en España, entre el 76 y el 80% de las personas temen que las noticias falsas se usen como “armas”, el nivel más alto en el mundo. En este índice, los medios de información están entre las instituciones que inspiran más desconfianza. Pero no todos los medios deberían experimentar el mismo descrédito porque no todos son iguales.

Hay medios periodísticos que se afanan por presentar los hechos de la manera más independiente y relevante posible. Por ejemplo,  Independent desacreditó unas fotografías que circularon por redes sociales que trataban de hacer pasar a manifestantes enfrentados en una protesta anti-Islam en Alemania en 2012 como refugiados radicalizados en Gran Bretaña en 2015. Diversos medios en nuestro entorno han establecido unidades, secciones o programas de factchecking, incluidos  “El Objetivo” (La Sexta),  “La Chistera” (El Confidencial),  “Verdad o Mentira” (InfoLibre),  Maldito Bulo y  “El Cazabulos” (eldiario.es) .

En español existen más iniciativas, incluidas  La Silla Vacía  (Colombia),  Detector de Mentiras (Estados Unidos),  Con Pruebas (Guatemala),  El Sabueso (México),  El Medio (Oriente Medio) y  Ojo Público (Perú). A nivel global, existe una asociación, la International Fact Checking Netwrok (IFCN), a la que pertenecen medios como The Washington Post y Le Monde y  Politifact  (creado por Tampa Bay Times y recientemente adquirido por el Instituto Poynter).

Algunos medios convencionales han dicho que ellos no establecen unidades de factchecking porque la verificación de hechos es, en realidad, parte del método periodístico y se debe aplicar a cualquier noticia. Sin embargo, la diferencia con estas iniciativas es que estas establecen espacios especializados en los que las mentiras se desmontan explícitamente una por una.

La preocupación por la desinformación toma más formas

Un  informe de Reuters revela, por ejemplo, que el crecimiento de las redes sociales para noticias se está ralentizando en algunos mercados y que las aplicaciones de mensajería se están volviendo más populares por ser más privadas y tender a no filtrar el contenido algorítmicamente. Según este estudio, el uso de WhatsApp para noticias está comenzando a competir con Facebook en varios mercados, entre ellos Malasia (51%), Brasil (46%) y España (32%). Además, solo una cuarta parte (24%) de las personas encuestadas piensa que las redes sociales hacen un buen trabajo al separar los hechos de la ficción.

De acuerdo con un reciente artículo de Bella Palomo y Jon Sedano, adoptar WhatsApp como herramienta de comunicación permite a los medios incrementar cualitativamente las fuentes disponibles y su tráfico, e incluso involucrar a los distintos públicos en tareas de verificación. La creación de la sección “B de Bulo” en el periódico Sur, usando WhatsApp como medio de comunicación, resultó en una mejora de la relación entre la redacción y sus públicos, dicen Palomo y Sedano. Otros medios, como Madito Bulo, tienen servicios de WhatsApp.

La encuesta de Reuters da un dato preocupante: casi un tercio de la muestra (29%) dice que a menudo o a veces evita las noticias. Es decir, no solamente los algoritmos nos encierran en pequeñas burbujas de información, también hay una parte de la población que se excluye conscientemente.

Otro problema es que los desmentidos de estas iniciativas de factchecking no tienen casi nunca el mismo eco que los propios bulos. Si la información veraz no se comparte de la misma manera que la falsedad viral, su daño no se puede contrarrestar realmente por muchas unidades de factcheckers que se funden; siempre irán por detrás.

El periodismo, sin embargo, también puede instigar e inspirar un debate sobre el papel de los y las periodistas, así como el de las plataformas, la ciudadanía, la regulación y la gobernanza de Internet. El papel del periodismo nunca ha sido más relevante.

“Jueza”, por favor

¿Quién dijo que se trata de decir “problema”/”problemo”? Poner el asunto del femenino de los cargos profesionales en estos términos es reducir al ridículo un tema importante.

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Conforme los casos de corrupción se multiplican y ramifican, cada vez oigo más “la juez”, “la magistrado” y “la abogado” para referirse a mujeres profesionales que ocupan dichos cargos. Hago una búsqueda de “la juez” en Google y encuentro 785.000 resultados en noticias, además de centenares de titulares con esas palabras en El PaísABCTelecincoEl MundoRTVEEuropa Press20minutos,y decenas de medios regionales y locales.

Bilbao 5-3-2012.-El presidente del TSJPV- Juan Luis Ibarra- ha presid

Quizás parezca superficial fijarse en esas cosas cuando se está matando a mujeres por el hecho de serlo, pero es un asunto que tiene importancia. El lenguaje sexista es una manifestación de la discriminación, y la discriminación está en el trasfondo de la violencia contra las mujeres. Que se sepa de una vez: el masculino no es en castellano incluyente.

Esta es la introducción a un comentario que publico en Doce Miradas.