Ser periodista en tiempos de bulos

*Entrevista para Aritz Alcubilla, Amaia Gallastegi y Leire Fernández, de la Universidad de Deusto

  1. ¿Qué criterios sigues para deducir si una noticia que te llega es verdadera o falsa?

Como lectora o televidente, en un primer momento, inevitablemente pienso si me suena cierto lo que dice la noticia. Digo “inevitablemente” porque es algo que hacemos todos y todas sin poderlo evitar: colocamos las cosas que leemos u oímos en los cajones de “creíble” o “no creíble” de acuerdo con nuestros propios prejuicios. Pero esto no es garantía.

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Así que pasamos a la segunda fase: ¿Quién es la fuente? ¿Es creíble? ¿Practica el periodismo o un sucedáneo? Esto es muy importante. Porque quien practica el periodismo pone en práctica sistemáticamente el método periodístico, que es la verificación de los hechos, como prescriben Bill Kovach y Tom Rosenstiel en “Los elementos del periodismo”.

La tercera fase dicta comprobar si otros medios periodísticos fidedignos emiten la misma información. Si las respuestas son afirmativas a las tres, es decir me suena creíble, está publicada por una fuente creíble y otras fuentes creíbles la confirman, entonces estamos seguramente ante una noticia verdadera.

En caso de que seas un o una periodista, tienes más recursos. Puedes acudir a la fuente original, confirmar los hechos, hacer los números de forma autónoma, investigar en fuentes secundarias, hablar con expertos y expertas independientes que puedan explicar lo que hay detrás de la noticia; vamos, hacer periodismo.

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  1. ¿Es fácil identificar ‘fake news’?

A veces muy fácil. Otras veces no. Si leo que Podemos ha exigido que todos los presos de España cobren 655 euros al mes con dos pagas extras, me mosqueo. Y de hecho, nunca han dicho eso. Fue un bulo. Pero si leo que Pablo Casado ha dicho: “haré lo posible para impedir que el Salario Mínimo Interprofesional suba a 900 euros” podría tender a creerlo, dado que tengo sesgos progresistas. Sin embargo, Casado nunca ha dicho esto exactamente. No hay ninguna entrevista, declaración pública o tuit con ese entrecomillado. Y de hecho es un entrecomillado falso de la web Libre diario digital que destapó maldita.es.

¿Qué nos dice este ejemplo también? Si estamos de acuerdo con todo lo que nos llega por plataformas de redes sociales hay que sospechar: los algoritmos de estas plataformas están entrenados para mostrarnos sobre todo aquello con lo que estamos conformes.

  1. En caso de publicar una noticia falsa mal contrastada y darse cuenta a posteriori, ¿qué debería hacer un buen periodista?

Nadie es perfecto ¿no? El o la periodista decente que publica en un medio decente se puede equivocar de buena fe. Así que pide perdón y publica la información correcta con la misma preeminencia que la falsedad y cuanto antes. Retirar de la web la noticia falsa (aunque no se haya podido evitar su circulación inicial) es también aconsejable.

  1. ¿Qué consejos le darías a un periodista que acabe de entrar el mundo laboral del periodismo?

Que ponga en práctica los principios que se plantean en “Los elementos del periodismo”, que comienzan por decir que la principal tarea del/a periodista es buscar la verdad. Que sea consciente de la vital importancia de su trabajo en estos tiempos de bulos: los y las periodistas de hoy son personas con la preparación para poder detectar y destapar falsedades.  Que sea consciente de sus propios sesgos y prejuicios, y que los ponga a prueba sistemáticamente.

Manual de fake news (III): El papel del periodismo y los medios

Algunos han olvidado que el y la periodista es la persona que vive, aplica y comparte los principios del periodismo, que, como Kovach y Rosenstiel establecieron, tiene como primera obligación la verdad, debe lealtad ante todo a la ciudadanía, mantiene su independencia frente a sus fuentes, ejerce un control independiente del poder y en su trabajo aplica el método de la verificación. Todo lo demás simplemente no es periodismo.

El periodismo es un sistema que las sociedades democráticas han creado para suministrar información veraz y relevante a la gente, generar debate y controlar al poder. Por eso habría que distinguir entre periodistas y sus imitadores e imitadoras. Esto es especialmente importante hoy porque los niveles de confianza en las instituciones europeas, especialmente en las periodísticas, es muy bajo. El índice de confianza Edelman de 2018 indica que,  en España, entre el 76 y el 80% de las personas temen que las noticias falsas se usen como “armas”, el nivel más alto en el mundo. En este índice, los medios de información están entre las instituciones que inspiran más desconfianza. Pero no todos los medios deberían experimentar el mismo descrédito porque no todos son iguales.

Hay medios periodísticos que se afanan por presentar los hechos de la manera más independiente y relevante posible. Por ejemplo,  Independent desacreditó unas fotografías que circularon por redes sociales que trataban de hacer pasar a manifestantes enfrentados en una protesta anti-Islam en Alemania en 2012 como refugiados radicalizados en Gran Bretaña en 2015. Diversos medios en nuestro entorno han establecido unidades, secciones o programas de factchecking, incluidos  “El Objetivo” (La Sexta),  “La Chistera” (El Confidencial),  “Verdad o Mentira” (InfoLibre),  Maldito Bulo y  “El Cazabulos” (eldiario.es) .

En español existen más iniciativas, incluidas  La Silla Vacía  (Colombia),  Detector de Mentiras (Estados Unidos),  Con Pruebas (Guatemala),  El Sabueso (México),  El Medio (Oriente Medio) y  Ojo Público (Perú). A nivel global, existe una asociación, la International Fact Checking Netwrok (IFCN), a la que pertenecen medios como The Washington Post y Le Monde y  Politifact  (creado por Tampa Bay Times y recientemente adquirido por el Instituto Poynter).

Algunos medios convencionales han dicho que ellos no establecen unidades de factchecking porque la verificación de hechos es, en realidad, parte del método periodístico y se debe aplicar a cualquier noticia. Sin embargo, la diferencia con estas iniciativas es que estas establecen espacios especializados en los que las mentiras se desmontan explícitamente una por una.

La preocupación por la desinformación toma más formas

Un  informe de Reuters revela, por ejemplo, que el crecimiento de las redes sociales para noticias se está ralentizando en algunos mercados y que las aplicaciones de mensajería se están volviendo más populares por ser más privadas y tender a no filtrar el contenido algorítmicamente. Según este estudio, el uso de WhatsApp para noticias está comenzando a competir con Facebook en varios mercados, entre ellos Malasia (51%), Brasil (46%) y España (32%). Además, solo una cuarta parte (24%) de las personas encuestadas piensa que las redes sociales hacen un buen trabajo al separar los hechos de la ficción.

De acuerdo con un reciente artículo de Bella Palomo y Jon Sedano, adoptar WhatsApp como herramienta de comunicación permite a los medios incrementar cualitativamente las fuentes disponibles y su tráfico, e incluso involucrar a los distintos públicos en tareas de verificación. La creación de la sección “B de Bulo” en el periódico Sur, usando WhatsApp como medio de comunicación, resultó en una mejora de la relación entre la redacción y sus públicos, dicen Palomo y Sedano. Otros medios, como Madito Bulo, tienen servicios de WhatsApp.

La encuesta de Reuters da un dato preocupante: casi un tercio de la muestra (29%) dice que a menudo o a veces evita las noticias. Es decir, no solamente los algoritmos nos encierran en pequeñas burbujas de información, también hay una parte de la población que se excluye conscientemente.

Otro problema es que los desmentidos de estas iniciativas de factchecking no tienen casi nunca el mismo eco que los propios bulos. Si la información veraz no se comparte de la misma manera que la falsedad viral, su daño no se puede contrarrestar realmente por muchas unidades de factcheckers que se funden; siempre irán por detrás.

El periodismo, sin embargo, también puede instigar e inspirar un debate sobre el papel de los y las periodistas, así como el de las plataformas, la ciudadanía, la regulación y la gobernanza de Internet. El papel del periodismo nunca ha sido más relevante.

Manual de fake news (Parte 2): los algoritmos también tienen sesgo

  • Segunda parte (aquí la primera) de un análisis sobre la propagación de informaciones falsas potenciada por los algoritmos. Se ha publicado antes en eldiario.es.
  • Son numerosos los estudios que demuestran que la probabilidad de que compartamos una información crece cuando estamos de acuerdo con ella.
  • “Aunque Internet ha brindado más oportunidades para acceder a información, los algoritmos dificultan que encontremos información desde puntos de vista críticos o diversos”, afirman expertos en sesgos cognitivos.

La inteligencia artificial permite prever en qué provincias españolas habrás más corrupción en el futuro

Los algoritmos definen la información que alcanza a cada usuario o usuaria.

 

Hay tres razones por las que las noticias basura se difunden tan rápidamente en las redes sociales, de acuerdo con Samantha Bradshaw y Philip N. Howard. La razón número uno son los algoritmos que ayudan a procesar, catalogar, seleccionar y priorizar cantidades masivas de información, pero que también permiten la personalización del contenido de forma que se crean “burbujas de filtro” que limitan los flujos de información y el intercambio transparente de ideas y perpetúan los sesgos. Básicamente, debido a estas burbujas, terminamos hablando con nuestras correligionarias acerca de los asuntos en los que ya estamos de acuerdo.

La mayor parte del filtrado de información que tiene lugar en las redes sociales no es producto de la elección consciente de los y las usuarias humanas, sino de cálculos algorítmicos de aprendizaje automático. Un sistema de aprendizaje automático es un conjunto de algoritmos que toman torrentes de datos en un extremo y escupe inferencias, correlaciones, recomendaciones y, a veces, decisiones en el otro extremo. Se trata del machine learning o el uso de técnicas estadísticas para “aprender” de forma que, basándose en datos, los algoritmos mejoran progresivamente en el cumplimiento de una tarea sin haber sido programados específicamente para ello. Esta tecnología ya es ubicua: todas las interacciones que tenemos con Facebook, Google, Amazon y otras plataformas están habilitadas por sistemas de aprendizaje automático. Estos fragmentos de código toman decisiones al personalizar el contenido y adaptar los resultados de búsqueda para reflejar nuestros intereses individuales, comportamientos pasados e incluso la ubicación geográfica.

Bradshaw y Howard dicen que la curación del contenido algorítmico tiene consecuencias importantes en la forma en que se nos ofrecen noticias online. En el periodismo convencional, periodistas humanas seleccionaban las fuentes de información, verificaban los datos y elaboraban las noticias, y sus editores (en su mayoría hombres) decidían si publicarlas o no, una función que se ha llamado en inglés gatekeeping (papel de “portero”). Los públicos decidían a qué medio acudir para informarse, pero en su mayor parte desconocían qué noticias habían sido excluidas. Ahora son los algoritmos los que determinan qué información se disemina a qué personas.

La popularidad de una noticia, el grado en que esta provoca indignación, los sesgos de confirmación y el nivel de implicación de las personas con los contenidos son cada vez más importantes para impulsar su propagación. Si se conjugan estos factores, los contenidos se vuelven virales a enorme velocidad y escala, independientemente de si son veraces o no. “Aunque Internet ha brindado más oportunidades para acceder a información, los algoritmos dificultan que encontremos información desde puntos de vista críticos o diversos”, concluyen Bradshaw y Howard.

Presentes en las redes más comunes

Numerosos estudios indican que los sesgos algorítmicos están presentes en todas las plataformas. Un ejemplo: un algoritmo de inteligencia artificial aprendió a asociar a las mujeres con imágenes de cocinas basándose en decenas de miles de fotografías de internet porque hay más mujeres que aparecen fotografiadas en cocinas en la web. No es esto solo lo más grave. Al “aprender”, el algoritmo multiplicó el sesgo presente en el conjunto de datos en los que se basó inicialmente, amplificando –no simplemente replicando— la asociación sesgada. Este trabajo de la Universidad de Virginia es uno de varios estudios que recientemente muestran que los sistemas de inteligencia artificial pueden incorporar, e incluso multiplicar, sesgos si su diseño o los datos en los que se basan no se piensan y corrigen cuidadosamente.

El movimiento "Borra Facebook" suma miles de seguidores en otras redes sociales
Cuando se juntan los sesgos mentales con los algorítmicos EFE

El segundo factor según Bradshaw y Howard es la publicidad. El modelo de negocio de las plataformas se basa en la recopilación de datos de uso y su venta a las empresas que quieren comprender mejor cómo consumimos, al tiempo que ofrecen a estas empresas la capacidad de crear y enviar mensajes personalizados a esos mismos públicos. Es por esto que las cuentas de redes sociales son “gratuitas”. Digo “gratuitas” entre comillas porque pagamos en realidad de tres formas diferentes: con nuestros datos, con nuestra atención y con nuestro dinero (e.g. a los proveedores de servicios de comunicación móvil).

Este modelo contribuye a la difusión de noticias basura de dos maneras, según Bradshaw y Howard: Primero, a través de la incentivación de contenido viral, lo que ha dado lugar a los clickbaits (literalmente “clic-cebo”) o contenido diseñado para atraer la atención, a menudo estimulando la indignación, la curiosidad o ambos, para alentar a hacer clic en un enlace a una página web. Los aspectos económicos de clickbait ayudan a explicar por qué contenidos diseñados para provocar respuestas emocionales aumentan la probabilidad, la intensidad y la duración de la implicación de usuarios y usuarias con el contenido. Es decir, los clickbaits juegan con los prejuicios de las personas y su indignación.

Segundo, a través del empoderando de algunos agentes (como por ejemplo intereses extranjeros en la última campaña electoral en los Estados Unidos) que hacen de los y las votantes objetivos potenciales con poca transparencia y nula responsabilidad.

El tercer y último factor según Bradshaw y Howard es la exposición: este sistema nos ofrece una selección cada vez más sesgada y reducida de la realidad. Mientras que los algoritmos y los anuncios filtran información, los y las usuarias también seleccionan lo que quieren ver o descartar y ahí indicen los fenómenos cognitivos.

Diversos estudios demuestran que es más probable que compartamos con nuestras redes información con la que estamos de acuerdo, reforzando cada vez más la polarización de las creencias. As su vez, este filtrado influye en cómo los algoritmos funcionan. Como consecuencia de ello, no se nos expone a una selección representativa, equilibrada o precisa de la realidad.

New article on #journalism, #comics, #data_activism and walks around a Barcelona in crisis

The process of hybridization has pervaded all fields of human communication; journalism and activism are no exceptions. An example is the graphic project Los vagabundos de la chatarra, an editorial undertaking that comprises observations, drawings, data, a map, a video and accounts of the people who gathered and sold scrap metal for a living on the edges of Barcelona during the economic crisis that started in 2007.
This new article –published by the Catalan Journal of Communication & Cultural Studies (CJCS)– explores Los vagabundos de la chatarra from the point of view of journalism studies, cómics and graphic novels and activism.
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Los vagabundos de la chatarra is conducted and communicated in an extremely hybrid manner: it visualizes data on a map, it strives for social change, it is journalistic and it has a comic design face.
Relying on media literature and critical data studies, discourse analysis and qualitative interviewing, our article examines the multifaceted shapes that activism and journalism are taking in complex times and explores the potential for subversion that such formats offer. The findings suggest that activists and journalists around the world are embarking on unapologetic hybridization, crossing lines between journalism, campaigning and art.
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Apertura de conferencia internacional ECREA

Inauguré hace poco, con una charla magistral sobre el activismo de datos, la conferencia internacional titulada “Responsabilidad social corporativa y activismo ciudadano en tiempos de perturbación política”, de la Sección de Comunicación Organizacional y Estratégica de la European Communication Research and Education Association (ECREA), que se celebró entre el 1 y 2 de febrero, en la Universidad de Málaga, invitada por la profesora Isabel Ruiz-Mora (Universidad de Málaga). El Profesor Øyvind Ihlen (Universidad de Oslo, Noruega) fue el otro conferenciante.

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La experiencia resultó súper gratificante, con un interesante debate sobre el activismo ciudadano. Se presentaron treinta trabajos en nueve paneles.

Vigilancia corporativa del tercer sector: Una gran desconocida

Lo que sigue es un fragmento de una entrevista con Miren Gutiérrez, Directora del Programa “Análisis, investigación y comunicación de datos” de la Universidad de Deusto, realizado para un proyecto sobre vigilancia corporativa en la Universidad de Amsterdam.

  1. ¿Cuán consciente es usted de actos de vigilancia de activistas por parte de las corporaciones? Si lo es, ¿cree que este conocimiento es común entre los/as activistas?

Personalmente, soy muy consciente, pero me he enfrentado a estos problemas antes: como periodista de investigación, como activista y ahora como investigadora. Como periodista de investigación en Panamá en la década de los noventa, nos seguían en coche, teníamos los teléfonos pinchados, se vigilaban nuestras comunicaciones electrónicas y “compañeros” periodistas que trabajaban encubiertamente para el gobierno nos espiraron dentro del diario para el que trabajábamos. Detrás de la vigilancia había también intereses corporativos. Más tarde, también he sido una activista con Greenpeace  involucrada en protestas y acciones directas, entendidas como un acto prominente y público diseñado para llamar la atención o revelar un problema (por ejemplo, la invasión de una planta nuclear en 2011). Pero creo que los/as activistas en general son mucho más conscientes de la vigilancia gubernamental que de la vigilancia corporativa.

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Es por eso que es tan impactante cada vez que escuchamos sobre un caso de vigilancia corporativa a organizaciones sin fines de lucro. Sin embargo, la vigilancia corporativa siempre ha estado ahí; al fin y al cabo, las empresas tienen una larga historia de espionaje entre ellas. En 2008, por ejemplo, Mother Jones reveló que Dow Chemical espió a grupos ecologistas y activistas alimentarios, examinó su basura, pirateó sus computadoras y empleó vigilancia electrónica. En 2013, un informe titulado Spooky Business hablaba sobre varios casos de espionaje corporativo contra organizaciones sin fines de lucro. Y en 2017, nos enteramos de que compañías como Porsche y British Airways se encontraban entre un grupo de grandes compañías que pagaban a las firmas de inteligencia y usaban infiltrados para monitorear a activistas y grupos políticos que desafiaban sus negocios. La diferencia es que, con la infraestructura de datos y otras tecnologías, como los drones y la información satelital, ahora la vigilancia tiene mucho más músculo.

  1. ¿Cuán grande es el problema de la vigilancia de las corporaciones en el activismo?

Depende tanto de cuán outsider sea la organización activista y de cuánta presión haya puesto sobre una empresa. La vigilancia corporativa es muy seria para las organizaciones outsider que trabajan contra el abuso corporativo. Sin embargo, muchas organizaciones de campaña intentan trabajar con las corporaciones. No todas las organizaciones del tercer sector participan en protestas, y de ellas, solo un número limitado recurre a la acción directa. Diferentes organizaciones tienen diferentes enfoques y métodos para cambiar el mundo.

  1. ¿Qué acciones crees que funcionan más eficazmente para contrarrestar los actos de vigilancia?

Lo más importante es proteger físicamente a los/as activistas, y parte de ello incluye aislar y proteger sus comunicaciones y planes. La información sobre estrategias de campaña es primordial. Es por eso que las organizaciones recurren mucho a encriptar sus comunicaciones, a buscar canales de comunicación alternativos y a tácticas de distracción.

  1. ¿Cuál cree que es la lucha del activismo más importante en lo que se refiere a las corporaciones hoy en día?

Yo diría que hay dos áreas principales de lucha. En primer lugar, la lucha contra los abusos contra los derechos humanos cometidos por empresas, que incluyen la generación de pruebas, la denuncia efectiva de los abusos, la sensibilización y la presentación de los culpables ante los tribunales de justicia. Un ejemplo de una organización denunciante es InfoAmazonia, que emplea imágenes satelitales, periodismo y mapas críticos en la región amazónica para exponer el abuso corporativo y gubernamental contra las comunidades indígenas y el medio ambiente, utilizando las mismas técnicas que utilizan las corporaciones para espiar a organizaciones sin fines de lucro y revertiendo la dataveillance o vigilancia de datos.

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La segunda área principal es la lucha contra las externalidades negativas ambientales, climáticas, culturales y sociales generadas por actividades corporativas. Por ejemplo, las compañías petroleras se benefician de la perforación, pero no pagan por los costos en la salud de las personas, ambientales, climáticos y sociales de la perforación; algunas de ellas incluso reciben subsidios para perforar. Esto equivale a un doble subsidio. Pero si los gobiernos lo eliminaran, la perforación no tendría sentido económico. Esta es una lucha que incluye todo tipo de problemas, desde costos de limpieza de contaminación, peligros de seguridad pública, pérdida de biodiversidad, cambio climático, prácticas de comercio desleal, deforestación, desplazamiento de comunidades indígenas, descartes de peces, plásticos en los océanos, etc.

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  1. ¿En qué medida puede tener el conocimiento de la vigilancia corporativa un “efecto de cohibición” o crear una sensación de control?

Me atrevo a decir que para algunas organizaciones que trabajan en entornos relativamente seguros, esto es más un obstáculo que un inhibidor.

Pero no hay duda de que la vigilancia corporativa puede tener el efecto de cohibir, especialmente si se combina con una situación de violencia en lugares peligrosos donde los/as activistas son asesinados/as con impunidad. ¿En qué medida? No lo sé. Un ejemplo puede verse en la lucha por el medio ambiente, que confronta directamente a algunos/as activistas contra empresas, y al revés. Los/as activistas ambientales están siendo asesinados/as en números récord (casi cuatro a la semana en todo el mundo en 2017, según Global Witness). Y según una investigación de The Guardian, la mayoría de los activistas ambientales asesinados/as mueren sistemáticamente sin testigos, en lugares remotos afectados por la minería, grandes proyectos de infraestructura, tala ilegal y agronegocios, y sus asesinos son “presuntamente” contratados por corporaciones o fuerzas estatales que rara vez son arrestados o identificados. Supongo que estos asesinatos son parte de estrategias más amplias que incluyen el espionaje y otras tácticas para localizar, identificar y atacar a las víctimas.

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Otra cosa que sucede regularmente es llevar a los activistas ante los tribunales, de nuevo en combinación con tácticas de espionaje. Primero, una empresa puede obtener información sobre organizaciones sin fines de lucro y luego puede llevar a la ONG ante los tribunales. No recuerdo casos que conectan estas dos prácticas, pero supongo que sucede todo el tiempo. Lo que es cierto es que, en ciertos países, las ONG sufren una persecución judicial. Desde la aprobación de una ley en 2016 que regula las ONG, en Rusia se están persiguiendo a organizaciones sin fines de lucro desde los tribunales.

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En otras palabras, la vigilancia corporativa, en combinación con la acción judicial y la violencia, puede ser un verdadero elemento de disuasión para la acción social y la protesta.

Esta situación también tiene implicaciones más amplias para las libertades civiles y la democracia. El derecho a la privacidad y la libertad de expresión no debe ser violado debido a que los/as activistas no estén de acuerdo o protesten contra las corporaciones. Muchas de estas actividades de espionaje parecen ilegales, o al menos no son éticas, y son injustas, dada la diferencia de recursos entre activistas y corporaciones. El problema aquí es que, si bien existe indignación por la intrusión masiva por parte de agencias gubernamentales como la NSA en los EE. UU., poco se dice y se hace sobre el espionaje corporativo de las organizaciones sin fines de lucro. Es decir, desde el caso de Snowden, las campañas contra la vigilancia se han centrado en el sector público, pero rara vez se habla de vigilancia corporativa.

  1. ¿Cómo ve el papel de los gobiernos y las fuerzas policiales en los actos de vigilancia de los activistas?

En algunos casos los gobiernos incluso colaboran en la vigilancia corporativa. Pero, en términos generales, son pasivos, lo que explica por qué la mayoría de los asesinatos de activistas siguen sin resolverse.

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En otros  casos, el gobierno y la ley se ponen al servicio de la justicia, pero esto solo sucede si el caso es prominente. Un ejemplo es la disculpa que publicó en 2015 Jean-Luc Kister, quien fue parte del servicio de inteligencia francés, por participar en la operación para hundir el Rainbow Warrior hace más de treinta años. Fernando Pereira, fotógrafo activista, murió en el bombardeo. En 2015 también, la empresa de energía francesa estatal EDF recibió una multa de 1,5 millones de euros por parte de un tribunal de París por espiar a Greenpeace. Basado en los documentos de Snowden, AI llevó al gobierno del Reino Unido ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por prácticas de vigilancia masiva, realizadas con colaboración corporativa. Pero estos son casos aislados que dependen de su magnitud, la eminencia de la organización y la prevalencia del estado de derecho. Miles de activistas mueren en el anonimato.

Interesante debate sobre #data4good

Fue breve pero intenso. En el contexto del escándalo de Cambridge Analytica, las fake news, el uso de datos personales con fines propagandísticos y la vigilancia masiva, propusimos un debate sobre cómo los big data y otras tecnologías pueden servir para mejorar la vida de las personas y del medioambiente.

Entendemos que cuatro comunidades confluyen en la realización de proyectos de datos con impacto social:

  1. las organizaciones que transfieren habilidades, crean plataformas y herramientas, y generan oportunidades de encuentro;
  2. las catalizadoras, que proporcionan los fondos y los medios;
  3. las que producen periodismo de datos, y
  4. las activistas.

Sin embargo, en pocas ocasiones las vemos debatir juntas en público. El 12 de abril, en la sede de la Deusto Business School en Madrid, nos reunimos con representantes de las cuatro comunidades, a saber:

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De izquierda a derecha, Adolfo Antón Bravo, responsable del DataLab del Medialab-Prado, desde donde ha dirigido la experimentación, producción y divulgación de proyectos en torno a la cultura de los datos y el fomento de los datos abiertos. Tenemos la suerte de que Adolfo ha sido también representante del Open Knowledge Foundation España, una organización catalizadora, dedicada a financiar y fomentar los proyectos de datos, entre otros.

Mar Cabra, una conocidísima periodista de investigación  especialista en análisis de datos que ha estado al frente de la Unidad de Datos e Investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, ganador del premio Pulitzer de 2017 con la investigación conocida como Los papeles de Panamá” y que cada vez aborda proyectos con más datos, como la reciente investigación conocida como “Los papeles del Paraíso”.

Juan Carlos Alonso, diseñador en Vizzuality, una organización ​que ofrece aplicaciones que ayudan a la mejor comprensión de los datos a través de su visualización para entender procesos globales como la deforestación, la preparación para los desastres, el flujo mundial del comercio de productos agrícolas o la acción contra el cambio climático en todo el mundo.

Ignacio Jovtis, responsable de Investigación y Políticas de Amnistía Internacional en España. AI usa testimonios, cartografía digital, datos y fotografía satelitales para denunciar y producir evidencias de abusos de los derechos humanos en la guerra en Siria y de la apropiación militar de tierras en pueblos rohingyas.

Juanlu Sánchez, otro conocido periodista, cofundador y subdirector de eldiario.es, que está especializado en contenidos digitales, nuevos medios y fórmulas de sostenibilidad para el periodismo independiente. Ha dirigido y colaborado en diversas investigaciones basadas en datos, como por ejemplo la de las tarjetas black de Bankia.

El prestigioso ilustrador Jorge Martín realizó la facilitación gráfica.

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Las conclusiones se podría resumir de la siguiente manera: 1) el factor humano es indispensable para que tenga éxito los proyectos de datos con impacto social, la tecnología sola no es suficiente; 2) la colaboración de distintos actores con diferentes competencias y recursos es imprescindible para que estos proyectos tengan éxito; y 3) hace falta una transformación social también dentro de las organizaciones para que se difunda la cultura de los datos y se maximice su infraestructura para la transformación de toda la sociedad.

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Conferencia en Madrid: Datos para la transformación social

Esta semana estoy en Madrid, donde, a través de su Programa “Análisis, investigación y comunicación de Datos”, hemos organizado un debate el día 12 de abril, en la sede de la DBS en Madrid, que sienta en un panel a representantes de los cuatro grupos que intervienen en cualquier proyecto de datos para hablar de cómo pueden los datos ayudar a una transformación social en favor de las personas y el medio ambiente, qué oportunidades de colaboración existen y qué otras están por crearse.

Estas cuatro comunidades que confluyen en la realización de proyectos de datos con impacto social incluyen las organizaciones que transfieren habilidades, crean plataformas y herramientas, y generan oportunidades de encuentro; las catalizadoras, que proporcionan los fondos y los medios; las que producen periodismo de datos, y las activistas. Sin embargo, en pocas ocasiones las vemos debatir juntas en público.

Hablaremos de qué se está haciendo con los datos para mejorar el mundo.

Reserva tu lugar. Entrada libre hasta completar aforo. Si no puedes venir, inscríbete tambiénpara recibir información sobre cómo seguir el evento en directo.

Publicado libro sobre tecnopolítica con capítulo de Stefania Milan y Miren Gutiérrez

IMG_20171220_144330Infrastructuring in the South: An interview with digital humanitarian Luis Hernando Aguilar 

Editado por Francisco Sierra, catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla (US), y Tommaso Gravante, de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Palgrave Macmillan acaba de publicar Networks, Movements and Technopolitics in Latin America, con un capítulo de Stefania Milan y Miren Gutiérrez, profesora de Comunicación de Deusto.

El libro aborda una reflexión crítica sobre los retos que se están produciendo en América Latina y el Caribe con las tecnologías digitales, y el presente proceso de redefinición de la democracia y del espacio público. El capítulo incluye un estudio del activismo de datos, centrado en InfoAmazonia, una organización que difunde, a través de cartografía crítica, narrativas alternativas basadas en datos ciudadanos, fotografía satelital y datos recabados a través de redes de sensores. InfoAmazonia ofrece información, mapas e investigaciones sobre la Amazonía desde los nueve países entre los que se reparte esta vulnerable región.

El libro se enmarca en el proyecto de I+D “Ciberactivismo, ciudadanía digital y nuevos movimientos urbanos”. Otros aportes vienen de investigadoras e investigadores punteros en la temática del Grupo de Trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) “Tecnopolítica, Cultura Digital y Ciudadanía”, red internacional liderada por Francisco Sierra.

Los editores del libro señalaron que “América Latina y el Caribe se ha caracterizado por ser el escenario de luchas sociales en las que la dialéctica poder/ciudadanía y movimientos sociales se ha manifestado de múltiples modos… Desde hace algunos años, las nuevas tecnologías de la comunicación han provisto de armas tecnológico-comunicativas al nuevo activismo ciudadano y ha supuesto la irrupción de prácticas creativas de intervención social, utilizadas tanto por el poder instituido como por movimientos ciudadanos urbanos, indígenas, campesinos y estudiantiles por toda la región latinoamericana”.

Seminar: Investigative Environmental Journalism

From 16 to 19 November, I organised a seminar about investigative environmental journalism in Albania for professional journalists working the environment and development beats. Albania is a small country facing hard environmental and development challenges and contradictions, as it tries to overcome its Communist past and be part of the European Union. This program aimed at providing journalistic tools that allow journalists to investigate environmental issues in a country, Albania, where attention has been paid to industrial development, without taking into account its sustainability or the damage done to the environment. Particular attention was drawn to the so-called “historical pollution” sites and environment “hotspots”.

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According to the Regional Environmental Center for Central and Eastern Europe (REC), the copper, chromium, iron-nickel and oil industries have produced in Albania several million tons of industrial waste that were disposed without environmental and human health considerations. The human impact of many “hot spots” has been exacerbated by large scale internal migration, which has resulted in substantial illegal settlement, often within or close to the abandoned sites. The seminar was supported by the United Nation’s Development Programme (UNDP) in Albania.