“Archives sauvages : construction de contre-récits, cartographie radicale et infrastructures de données”

Hace poco estuve dando una charla en Centre d’études ibériques et ibéro-américaines, de la Université Toulouse Jean Jaurès. No es muy frecuente que me inviten a hablar a historiadores/as y expertos/as en literatura y cultura, pero fue una experiencia muy interesante. Mi charla se tituló “Archives sauvages : construction de contre-récits,
cartographie radicale et infrastructures de données”. Al principio hubo muchas caras raras, pero conforme empezamos a hablar de cómo la infrastructura de datos y otras tecnologías se están aplicando a estudiar archivos antiguos, el ambiente se fue caldeando.

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Un ejemplo es la edición en coreano del siglo XIII del canon budista, incluye 52 millones de caracteres distribuidos en 166.000 páginas. Examinado con métodos tradicionales, historiadores e historiadoras tenían que recurrir al análisis selectivo de fragmentos, con lo que se llegaba a conclusiones “sin tener una idea integral” del todo (Lancaster 2010). Esta forma de trabajar en la investigación académica ha hecho que el conocimiento haya estado “determinado y limitado por externalidades como el acceso, la disponibilidad y el tamaño del material” (ibíd.). Hoy en día la infraestructura de datos permite el estudio integral con enorme precisión de casi cualquier corpus documental digitalizado; e impulsa un cambio en la investigación, en la que ahora cobra mucha más importancia la validación de las fuentes, la generación de una “hermenéutica de datos” y las formas de comunicar conocimiento (Sapping Atenttion, 2012). Con las nuevas herramientas digitales, ahora se pueden generar búsquedas que exploren la evolución de un glifo en el tiempo escrutando un documento complejo y extenso como el canon budista en su totalidad.

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Del canon budista pasamos a mapas de barcos. Un mapa generado por un equipo de historiografía que muestra las travesías de los balleneros norteamericanos del siglo XIX durante 25 años (de 1830 a 1855), basado en las bitácoras del teniente Matthew Maury (ver https://www.youtube.com/watch?v=Tn7fQ5mYHPA). Y de ahí a muchas otras cosas que nos duraron las dos horas de la charla más dos más de la comida. 😉

Apertura de conferencia internacional ECREA

Inauguré hace poco, con una charla magistral sobre el activismo de datos, la conferencia internacional titulada “Responsabilidad social corporativa y activismo ciudadano en tiempos de perturbación política”, de la Sección de Comunicación Organizacional y Estratégica de la European Communication Research and Education Association (ECREA), que se celebró entre el 1 y 2 de febrero, en la Universidad de Málaga, invitada por la profesora Isabel Ruiz-Mora (Universidad de Málaga). El Profesor Øyvind Ihlen (Universidad de Oslo, Noruega) fue el otro conferenciante.

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La experiencia resultó súper gratificante, con un interesante debate sobre el activismo ciudadano. Se presentaron treinta trabajos en nueve paneles.

Tecnopolítica: Charla en la Universidad de Sevilla

Estuve en la Universidad de Sevilla, invitada por Francisco Sierra, director general del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina, CIESPAL, hablando de tecnopolígica y de cómo las personas y organizaciones del tercer sector usan la infraestructura de datos para movilizarse, organizarse y actuar.  La charla se enmarcó dentro del ciclo del Seminario permenente de Ciberdemocracia

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La charla se centró en cómo el uso de la infraestructura de datos da lugar a una nueva forma de ciudadanía al:

  • Empoderar a la gente y colocarla en la mesa de decisiones y cambiar el concepto de quién es experto/a;
  • Generar esferas públicas alternativas digitales para la participación y la acción;
  • Alterar la forma en la que la gente ejerce su agencia democrática (i.e. generando sus propios datos, usos y mapas) y
  • Coonvertirse así en una nueva forma de tecnopolítica que expande los espacios y la capacidad para la acción política.

VIDA EN EL PLANETA Podcast ¿Por qué tenemos huracanes cada vez más intensos?

Para quienes se lo pudieron perder en Radio Francia Internacional (RFI), entrevista con Miren Gutiérrez sobre la relación entre el cambio climático y los desastres relacionados con el clima.

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Vigilancia corporativa del tercer sector: Una gran desconocida

Lo que sigue es un fragmento de una entrevista con Miren Gutiérrez, Directora del Programa “Análisis, investigación y comunicación de datos” de la Universidad de Deusto, realizado para un proyecto sobre vigilancia corporativa en la Universidad de Amsterdam.

  1. ¿Cuán consciente es usted de actos de vigilancia de activistas por parte de las corporaciones? Si lo es, ¿cree que este conocimiento es común entre los/as activistas?

Personalmente, soy muy consciente, pero me he enfrentado a estos problemas antes: como periodista de investigación, como activista y ahora como investigadora. Como periodista de investigación en Panamá en la década de los noventa, nos seguían en coche, teníamos los teléfonos pinchados, se vigilaban nuestras comunicaciones electrónicas y “compañeros” periodistas que trabajaban encubiertamente para el gobierno nos espiraron dentro del diario para el que trabajábamos. Detrás de la vigilancia había también intereses corporativos. Más tarde, también he sido una activista con Greenpeace  involucrada en protestas y acciones directas, entendidas como un acto prominente y público diseñado para llamar la atención o revelar un problema (por ejemplo, la invasión de una planta nuclear en 2011). Pero creo que los/as activistas en general son mucho más conscientes de la vigilancia gubernamental que de la vigilancia corporativa.

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Es por eso que es tan impactante cada vez que escuchamos sobre un caso de vigilancia corporativa a organizaciones sin fines de lucro. Sin embargo, la vigilancia corporativa siempre ha estado ahí; al fin y al cabo, las empresas tienen una larga historia de espionaje entre ellas. En 2008, por ejemplo, Mother Jones reveló que Dow Chemical espió a grupos ecologistas y activistas alimentarios, examinó su basura, pirateó sus computadoras y empleó vigilancia electrónica. En 2013, un informe titulado Spooky Business hablaba sobre varios casos de espionaje corporativo contra organizaciones sin fines de lucro. Y en 2017, nos enteramos de que compañías como Porsche y British Airways se encontraban entre un grupo de grandes compañías que pagaban a las firmas de inteligencia y usaban infiltrados para monitorear a activistas y grupos políticos que desafiaban sus negocios. La diferencia es que, con la infraestructura de datos y otras tecnologías, como los drones y la información satelital, ahora la vigilancia tiene mucho más músculo.

  1. ¿Cuán grande es el problema de la vigilancia de las corporaciones en el activismo?

Depende tanto de cuán outsider sea la organización activista y de cuánta presión haya puesto sobre una empresa. La vigilancia corporativa es muy seria para las organizaciones outsider que trabajan contra el abuso corporativo. Sin embargo, muchas organizaciones de campaña intentan trabajar con las corporaciones. No todas las organizaciones del tercer sector participan en protestas, y de ellas, solo un número limitado recurre a la acción directa. Diferentes organizaciones tienen diferentes enfoques y métodos para cambiar el mundo.

  1. ¿Qué acciones crees que funcionan más eficazmente para contrarrestar los actos de vigilancia?

Lo más importante es proteger físicamente a los/as activistas, y parte de ello incluye aislar y proteger sus comunicaciones y planes. La información sobre estrategias de campaña es primordial. Es por eso que las organizaciones recurren mucho a encriptar sus comunicaciones, a buscar canales de comunicación alternativos y a tácticas de distracción.

  1. ¿Cuál cree que es la lucha del activismo más importante en lo que se refiere a las corporaciones hoy en día?

Yo diría que hay dos áreas principales de lucha. En primer lugar, la lucha contra los abusos contra los derechos humanos cometidos por empresas, que incluyen la generación de pruebas, la denuncia efectiva de los abusos, la sensibilización y la presentación de los culpables ante los tribunales de justicia. Un ejemplo de una organización denunciante es InfoAmazonia, que emplea imágenes satelitales, periodismo y mapas críticos en la región amazónica para exponer el abuso corporativo y gubernamental contra las comunidades indígenas y el medio ambiente, utilizando las mismas técnicas que utilizan las corporaciones para espiar a organizaciones sin fines de lucro y revertiendo la dataveillance o vigilancia de datos.

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La segunda área principal es la lucha contra las externalidades negativas ambientales, climáticas, culturales y sociales generadas por actividades corporativas. Por ejemplo, las compañías petroleras se benefician de la perforación, pero no pagan por los costos en la salud de las personas, ambientales, climáticos y sociales de la perforación; algunas de ellas incluso reciben subsidios para perforar. Esto equivale a un doble subsidio. Pero si los gobiernos lo eliminaran, la perforación no tendría sentido económico. Esta es una lucha que incluye todo tipo de problemas, desde costos de limpieza de contaminación, peligros de seguridad pública, pérdida de biodiversidad, cambio climático, prácticas de comercio desleal, deforestación, desplazamiento de comunidades indígenas, descartes de peces, plásticos en los océanos, etc.

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  1. ¿En qué medida puede tener el conocimiento de la vigilancia corporativa un “efecto de cohibición” o crear una sensación de control?

Me atrevo a decir que para algunas organizaciones que trabajan en entornos relativamente seguros, esto es más un obstáculo que un inhibidor.

Pero no hay duda de que la vigilancia corporativa puede tener el efecto de cohibir, especialmente si se combina con una situación de violencia en lugares peligrosos donde los/as activistas son asesinados/as con impunidad. ¿En qué medida? No lo sé. Un ejemplo puede verse en la lucha por el medio ambiente, que confronta directamente a algunos/as activistas contra empresas, y al revés. Los/as activistas ambientales están siendo asesinados/as en números récord (casi cuatro a la semana en todo el mundo en 2017, según Global Witness). Y según una investigación de The Guardian, la mayoría de los activistas ambientales asesinados/as mueren sistemáticamente sin testigos, en lugares remotos afectados por la minería, grandes proyectos de infraestructura, tala ilegal y agronegocios, y sus asesinos son “presuntamente” contratados por corporaciones o fuerzas estatales que rara vez son arrestados o identificados. Supongo que estos asesinatos son parte de estrategias más amplias que incluyen el espionaje y otras tácticas para localizar, identificar y atacar a las víctimas.

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Otra cosa que sucede regularmente es llevar a los activistas ante los tribunales, de nuevo en combinación con tácticas de espionaje. Primero, una empresa puede obtener información sobre organizaciones sin fines de lucro y luego puede llevar a la ONG ante los tribunales. No recuerdo casos que conectan estas dos prácticas, pero supongo que sucede todo el tiempo. Lo que es cierto es que, en ciertos países, las ONG sufren una persecución judicial. Desde la aprobación de una ley en 2016 que regula las ONG, en Rusia se están persiguiendo a organizaciones sin fines de lucro desde los tribunales.

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En otras palabras, la vigilancia corporativa, en combinación con la acción judicial y la violencia, puede ser un verdadero elemento de disuasión para la acción social y la protesta.

Esta situación también tiene implicaciones más amplias para las libertades civiles y la democracia. El derecho a la privacidad y la libertad de expresión no debe ser violado debido a que los/as activistas no estén de acuerdo o protesten contra las corporaciones. Muchas de estas actividades de espionaje parecen ilegales, o al menos no son éticas, y son injustas, dada la diferencia de recursos entre activistas y corporaciones. El problema aquí es que, si bien existe indignación por la intrusión masiva por parte de agencias gubernamentales como la NSA en los EE. UU., poco se dice y se hace sobre el espionaje corporativo de las organizaciones sin fines de lucro. Es decir, desde el caso de Snowden, las campañas contra la vigilancia se han centrado en el sector público, pero rara vez se habla de vigilancia corporativa.

  1. ¿Cómo ve el papel de los gobiernos y las fuerzas policiales en los actos de vigilancia de los activistas?

En algunos casos los gobiernos incluso colaboran en la vigilancia corporativa. Pero, en términos generales, son pasivos, lo que explica por qué la mayoría de los asesinatos de activistas siguen sin resolverse.

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En otros  casos, el gobierno y la ley se ponen al servicio de la justicia, pero esto solo sucede si el caso es prominente. Un ejemplo es la disculpa que publicó en 2015 Jean-Luc Kister, quien fue parte del servicio de inteligencia francés, por participar en la operación para hundir el Rainbow Warrior hace más de treinta años. Fernando Pereira, fotógrafo activista, murió en el bombardeo. En 2015 también, la empresa de energía francesa estatal EDF recibió una multa de 1,5 millones de euros por parte de un tribunal de París por espiar a Greenpeace. Basado en los documentos de Snowden, AI llevó al gobierno del Reino Unido ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por prácticas de vigilancia masiva, realizadas con colaboración corporativa. Pero estos son casos aislados que dependen de su magnitud, la eminencia de la organización y la prevalencia del estado de derecho. Miles de activistas mueren en el anonimato.

“Data Activism in Light of the Public Sphere” – Nuevo artículo en la revista de filosofía contemporánea Krisis

Miren Gutiérrez, Directora del Programa “Análisis, investigación y comunicación de datos”

Mucho se da dicho sobre la esfera pública desde la popularización de internet, las redes sociales y la infraestructura de datos: ¿existe realmente como la planteó Jürgen Habermas? ¿se ha de hablar de esferas, en plural? ¿o es mejor hablar de neodemocracias, negando la posibilidad de internet de ser una esfera pública, como hace Dean?

Los espacios de debate, consenso y acción en red que se generan en el activismo de datos se pueden teorizar como “esferas públicas”, porque comparten algunos de sus atributos: aunque el objetivo final del activismo de datos es la acción, éste se articula por actores que interactúan y organizan en procedimientos enmarcados por la “inclusividad”, igualdad de acceso y transparencia. Sin embargo, no se parecen a la esfera pública burguesa. Los llamo “esperas públicas digitales alternativas” en un nuevo artículo titulado “Data Activism in Light of the Public Sphere”, publicado en la revista de Filosofía contemporánea Krisis.

Un ejemplo es “Ayuda Ecuador”, una aplicación de la plataforma Ushahidi. “Ayuda Ecuador” se lanzó el 16 de abril de 2016 justo después de los primeros temblores del terremoto que causó la muerte de 660 personas y heridas a 4.605. En cuestión de dos horas, un grupo de “humanitaristas digitales” –que generalmente incluyen blogueros, techies y activistas dispuestos a ofrecer voluntariamente su tiempo para ayudar en emergencias de forma remota— lanzaron la aplicación para generar colectivamente datos relevantes para la emergencia y canalizar efectivamente los esfuerzos de diferentes instituciones y organismos. En pocas horas, se había organizado para verificar cientos de reportes de víctimas y testigos.

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Espacio abierto de diálogo y coordinación detrás del mapa de “Ayuda Ecuador.

El artículo compara las cualidades de las “esperas públicas digitales alternativas” (para abreviar EPDA) en la comparación con las de la esfera pública Habermasiana y de las neodemocracias, a través de los ejes el “sitio”, “objetivo”, “vehículo”, “medios” y “normas”.

SITIO: Las EPDA generadas por el activismo de datos han perdido a la nación como referencia porque se ubican tanto en el local como en el global y operan el “espacio de los flujos” definido por Manuel Castells. La acción coordinada globalmente en una EPDA tiene consecuencias locales. En el mapeo de crisis de “Ayuda Ecuador”, por ejemplo, lo local determina las condiciones en las que las víctimas pueden informar y los trabajadores humanitarios pueden usar la información sobre el terreno. En las EPDA hay una diferencia entre lo local y lo nacional también. Por ejemplo, los desastres pueden afectar a personas vulnerables en áreas rurales remotas en mayor medida  que a otras que viven en ciudades del mismo país. Además, las catástrofes no respetan las fronteras nacionales tampoco.

OBJETIVO: Los actores en una EPDA buscan consensos, pero estos incorporan una expectativa de respuesta y se usan como un instrumento para la acción. Es decir, el consenso no es un fin en sí mismo. Las dos variedades principales de geoactivismo, mapeo de crisis y cartografía activista, están dirigidas a la acción, aunque el objetivo principal del mapeo de crisis es abordar emergencias (acción a corto plazo) y de la  cartografía activista es generar evidencias para empoderar a las comunidades (acción a medio y largo plazo).

VEHÍCULO: Las EPDA se forman en torno a los conflictos y problemas que tratan de abordar (i.e. el terremoto de Ecuador), y en ocasiones generan narrativas y contra-discursos alternativos. Pueden permitir que la gente de a pie genere sus propios datos en sus propios términos, revirtiendo el proceso de dataficación, que generalmente es monopolio de gobiernos y corporaciones. Las emergencias pueden desencadenar el mapeo de crisis, que es la geolocalización de datos ciudadanos para ayudar a los esfuerzos humanitarios, mientras que el mapeo activista puede activarse por causas sociales. Aunque no son el “vehículo” de las EPDA, los actores son esenciales: la ciudadanía se coloca a la vanguardia de la producción de contenido; las personas privadas de sus derechos se sientan en la mesa de toma de decisiones, lo que les da poder y mejora su agencia; y algunos papeles son fundamentales en el mapeo de crisis, por ejemplo.

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Mapa de “Ayuda Ecuador”

Las EPDA se gestionan mediante una coordinación descentralizada y en red en la que los papeles son estáticos, mientras que los individuos son prescindibles. Por ejemplo, un esfuerzo sostenido a lo largo del tiempo puede imponer tensiones a los actores que apoyan las EPDA, por ejemplo, experimentando extrema fatiga en el apoyo de una campaña.

NORMAS: Las normas que rigen las EPDA provienen de la red, es decir, no están impuestas en los procesos hegemónicos por actores externos. Las EPDA son fluidas y efímeras, incorporando una obsolescencia porque surgen frente a emergencias y problemas finitos. Otra regla que gobierna las EPDA es la inclusividad condicionada, que permite la participación de cualquier persona, siempre y cuando siga las pautas, por ejemplo, para producir informes verificados durante las crisis. Sin embargo, este acceso igualitario (no igualdad) incorpora algunas asimetrías. En el caso del mapeo de crisis, por ejemplo, las personas que lanzan el mapa actúan como guardianes de la información y sus procesos de verificación y clasificación. Asimismo, las víctimas y trabajadores/as humanitarios/as a menudo enfrentan situaciones peligrosas, a diferencia de las personas que trabajan en la crisis de forma remota. La transparencia, otra regla, se emplea en la EPDA solo como herramienta, no como fin, y puede generar irritaciones también cuando se hace evidente que, por ejemplo, los medios de comunicación no están informando adecuadamente de una crisis. Sin embargo, demasiada transparencia puede ser peligrosa para las víctimas que informan sobre su situación en la EPDA Finalmente, la credibilidad es necesaria para generar aceptación y colaboración en las comunidades que ayudan en un mapeo de crisis.

Pero exactamente como pasa con la esfera pública Habermasiana, las EPDA son una construcción. Se ofrecen en este artículo como un concepto heurístico para comprender cómo el activismo de datos genera comunidades en red de personas de diversos orígenes, a veces en ubicaciones remotas, para la acción coordinada. EPDA perfectas, en las que los actores trabajan en perfecta armonía con resultados, no se encuentran en la vida real.

Lo que muestran los casos reales es que, con las capacidades aumentadas que otorga la infraestructura de datos, el activismo puede desatar procesos de comunicación real conducentes a la acción. Las EPDA también proporcionan otra vuelta de tuerca en el debate teórico sobre la validez de la esfera pública como concepto hoy en día.

 

Interesante debate sobre #data4good

Fue breve pero intenso. En el contexto del escándalo de Cambridge Analytica, las fake news, el uso de datos personales con fines propagandísticos y la vigilancia masiva, propusimos un debate sobre cómo los big data y otras tecnologías pueden servir para mejorar la vida de las personas y del medioambiente.

Entendemos que cuatro comunidades confluyen en la realización de proyectos de datos con impacto social:

  1. las organizaciones que transfieren habilidades, crean plataformas y herramientas, y generan oportunidades de encuentro;
  2. las catalizadoras, que proporcionan los fondos y los medios;
  3. las que producen periodismo de datos, y
  4. las activistas.

Sin embargo, en pocas ocasiones las vemos debatir juntas en público. El 12 de abril, en la sede de la Deusto Business School en Madrid, nos reunimos con representantes de las cuatro comunidades, a saber:

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De izquierda a derecha, Adolfo Antón Bravo, responsable del DataLab del Medialab-Prado, desde donde ha dirigido la experimentación, producción y divulgación de proyectos en torno a la cultura de los datos y el fomento de los datos abiertos. Tenemos la suerte de que Adolfo ha sido también representante del Open Knowledge Foundation España, una organización catalizadora, dedicada a financiar y fomentar los proyectos de datos, entre otros.

Mar Cabra, una conocidísima periodista de investigación  especialista en análisis de datos que ha estado al frente de la Unidad de Datos e Investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, ganador del premio Pulitzer de 2017 con la investigación conocida como Los papeles de Panamá” y que cada vez aborda proyectos con más datos, como la reciente investigación conocida como “Los papeles del Paraíso”.

Juan Carlos Alonso, diseñador en Vizzuality, una organización ​que ofrece aplicaciones que ayudan a la mejor comprensión de los datos a través de su visualización para entender procesos globales como la deforestación, la preparación para los desastres, el flujo mundial del comercio de productos agrícolas o la acción contra el cambio climático en todo el mundo.

Ignacio Jovtis, responsable de Investigación y Políticas de Amnistía Internacional en España. AI usa testimonios, cartografía digital, datos y fotografía satelitales para denunciar y producir evidencias de abusos de los derechos humanos en la guerra en Siria y de la apropiación militar de tierras en pueblos rohingyas.

Juanlu Sánchez, otro conocido periodista, cofundador y subdirector de eldiario.es, que está especializado en contenidos digitales, nuevos medios y fórmulas de sostenibilidad para el periodismo independiente. Ha dirigido y colaborado en diversas investigaciones basadas en datos, como por ejemplo la de las tarjetas black de Bankia.

El prestigioso ilustrador Jorge Martín realizó la facilitación gráfica.

Jorge Martin Datos

Las conclusiones se podría resumir de la siguiente manera: 1) el factor humano es indispensable para que tenga éxito los proyectos de datos con impacto social, la tecnología sola no es suficiente; 2) la colaboración de distintos actores con diferentes competencias y recursos es imprescindible para que estos proyectos tengan éxito; y 3) hace falta una transformación social también dentro de las organizaciones para que se difunda la cultura de los datos y se maximice su infraestructura para la transformación de toda la sociedad.

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Conferencia en Madrid: Datos para la transformación social

Esta semana estoy en Madrid, donde, a través de su Programa “Análisis, investigación y comunicación de Datos”, hemos organizado un debate el día 12 de abril, en la sede de la DBS en Madrid, que sienta en un panel a representantes de los cuatro grupos que intervienen en cualquier proyecto de datos para hablar de cómo pueden los datos ayudar a una transformación social en favor de las personas y el medio ambiente, qué oportunidades de colaboración existen y qué otras están por crearse.

Estas cuatro comunidades que confluyen en la realización de proyectos de datos con impacto social incluyen las organizaciones que transfieren habilidades, crean plataformas y herramientas, y generan oportunidades de encuentro; las catalizadoras, que proporcionan los fondos y los medios; las que producen periodismo de datos, y las activistas. Sin embargo, en pocas ocasiones las vemos debatir juntas en público.

Hablaremos de qué se está haciendo con los datos para mejorar el mundo.

Reserva tu lugar. Entrada libre hasta completar aforo. Si no puedes venir, inscríbete tambiénpara recibir información sobre cómo seguir el evento en directo.

The cover of my new book “Data activism and social change”

This book efficiently contributes to our understanding of the interplay between data, technology and communicative practice on the one hand, and democratic participation on the other. It addresses the emergence of proactive data activism, a new sociotechnical phenomenon in the field of action that arises as a reaction to massive datafication, and makes affirmative use of data for advocacy and social change. By blending empirical observation and in-depth qualitative interviews, Gutiérrez brings to the fore a debate about the social uses of the data infrastructure and examines precisely how people employ it, in combination with other technologies, to collaborate and act for social change.