Hay consenso: estar preparado es cuestión de vida o muerte cuando golpea un desastre ‘natural’. Se ha visto en la práctica esta semana en Gran Bretaña, Holanda y Francia, donde una tormenta con vientos huracanados de 160 kilómetros por hora (la peor en una década) ha causado ´sólo´ cinco muertos.

Y también se vio en Odisha, India, hace dos semanas. El ciclón Phailin acabó con la vida de unas 40 personas, un número relativamente bajo si se compara con los 10,000 muertos que dejó a su paso un ciclón similar en 1999.

Esto precisamente confirma un reciente informe del Overseas Development Insitute, que indica que el clima extremo vinculado con el cambio climático es cada vez más frecuente y en el futuro causará mayores desastres, pero que aquellos que inviertan en prepararse y prevenir desastres serán mucho menos vulnerables.

Según el informe, hasta 325 millones de personas extremadamente pobres vivirán en los 49 países más propensos a sufrir desastres ‘naturales’ en 2030, la mayor parte de ellos en el sur de Asia y el África subsahariana. Se trata de lugares con bajos niveles de preparación. Estos desastres, especialmente aquellos ligados a las sequías, podrían ser la causa más importante de empobrecimiento, cancelando el progreso alcanzado en la reducción de la pobreza.

Los 11 países con más riesgo de sufrir pobreza inducida por desastres son Bangladesh, República Democrática del Congo, Etiopía, Kenia, Madagascar, Nepal, Nigeria, Paquistán, Sudán del Sur y Uganda.

España, aunque no tiene niveles de pobreza comparables y muestra niveles de preparación altos, es un país preocupante por estar en una de las zonas del mundo más intensamente afectadas por la sequía (medida como falta de precipitación en comparación con la media).

Mundo

Entre los países latinoamericanos, Honduras destaca como uno de los países en peor posición por sus niveles futuros de pobreza y las proyecciones para 2030 de terremotos, ciclones, sequías, olas de calor e inundaciones. Los grupos de países con bolsas importantes de personas extremadamente pobres viviendo en zonas que serán azotadas por este tipo de desastres incluyen también Haití, México, Guatemala, Nicaragua y Belice.

Los objetivos de desarrollo que se están negociando es estos momentos y reemplazarán los objetivos del milenio en 2015 deberían incluir metas centradas en afrontar los desastres ‘naturales’ y el cambio climático, y reconocer la amenaza que éstos significan para alcanzar el objetivo de erradicar la pobreza extrema, recomienda el informe. La gestión de riesgo de desastres (conocida como GRD) debería también ser un componente clave en los esfuerzos para reducir la pobreza.

Otro estudio de ODI indica que la comunidad internacional dedica a la GRD una fracción de lo que gasta en reaccionar a desastres. Cerca de 1 billón de dólares se destinan a prepararse para desastres anualmente, mientras 7 billones de dólares son necesarios al año para responder a inundaciones, terremotos y sequías. Un ejemplo de esta desproporción fue el tsunami el Océano Índico y el terremoto en Kachemira de 2005. Unos 3.3 billones de dólares se emplearon en las tareas de reconstrucción, cerca de un cuarto de lo asignado en todo el mundo a la prevención durante dos décadas.

Este informe también revela que uno de los mayores factores en la mejora de la prevención es que ocurra un desastre, como se vio en Odisha, India. Esperemos que no hagan falta muchos más recordatorios de que prevenir es mejor que curar.

 

*Miren Gutiérrez es Directora de Comunicación del Programa para el Clima y el Medioambiente del Overseas Development Institute en Londres, Gran Bretaña.

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